Ulgrim
¡Vaya, pero si es mi salvador! No puedo agradecértelo lo suficiente. Al fin conseguí volver a cocinar para otra gente. ¡Mira, ten un poco de sopa! Podría ponerle un poco de sal, pero el capitán Whiskey ahí presente insiste en que sólo es para usarlo en combate.
Me alegra que hayas encajado.
Vuelve cuando quieras. Tengo unas cuantas historias antiguas que contarte si les prestas oído.
Lo haré. Hasta luego, anciano.


Me alegra volver a verte. ¿Qué va a ser hoy?
Escuchemos una de tus historias.

¿Cuánto sabes del antiguo alcaide? Los rumores de un comportamiento extraño y violento de Krieg incluso llegaron a mis oídos en la lejana capital. Cuando no respondió a múltiples citaciones, se envió a un agente desde la capital para... resolver la situación. Desafortunadamente, el Amanecer Sombrío se desató antes de que el hombre pudiera llegar hasta Krieg. Al menos, asumo que debe ser lo que sucedió.
¿Ya te he contado esto? En una ocasión tuve que tratar con un dignatario particularmente desagradable de la capital, ¡que incluso había desairado al Emperador! El hombre montó un gran alboroto sobre que su comida estaba sosa, así que le azoté con un poco del especial del chef con mis especias más fuertes. Digamos tan solo que echó a correr soltándolo todo por ambos agujeros. Por raro que parezca, he oído que murió al día siguiente. Espero que no tuviera nada que ver con las especias que había usado.
Serví a un seguidor de Dreeg una vez. Bueno, normalmente no juzgo a un hombre basándome en sus creencias, pero esa gente cree en algunas cosas retorcidas. El ojo que todo lo ve, el reino oculto en el que se supone que viven los dioses brujos, en cómo Dreeg es el vigilante que protege el camino.  ¡No es de extrañar que estén tan tensos si creen que alguien les vigila todo el tiempo! Es curioso, sin embargo, porque aparentemente alguien les vigilaba, después de todo. No mucho después de que nos separásemos, un inquisidor llegó para interrogarlo y nunca más se lo volvió a ver. Al menos, eso es lo que he oído.
¿Alguna vez has considerado probar un plato de guiso Slith? No lo hagas. Ellos nos pueden comer, y parece justo que nosotros pudiéramos hacerlo también, pero intenté hervirlos una vez y arruiné un conjunto de ollas y cucharones. Por cierto, una vez escuché un extraño relato acerca de que los Slith fueron creados por seres humanos. La historia era que el estado mayor del Emperador quería un ejército que pudiera luchar con eficacia en las ciénagas del sur. Una horrible experimentación con humanos condujo a la creación de humanoides reptilianos, pero eran incontrolables, escaparon de su cautiverio y comenzaron a proliferar en la selva. Pero estoy seguro de que sólo es una leyenda.
Antes del Amanecer Sombrío, serví una comida a unos caballeros de la capital enfrascados en una conversación acerca de un notable método nuevo para viajar usando portales arcanos. Dijeron que permitiría a los ejércitos del Emperador, estacionados en la capital, aparecer casi instantáneamente en las provincias más lejanas. Imagina lo lejos que le llevaría al estado mayor del Emperador el disponer de una decisiva ventaja militar como esa. Verás, oyéndome a mí mismo decirlo, suena muy parecido a ese portal que usaste para rescatarme de la ciénaga.
Hay una cosa que todavía me molesta de la forma en que se desarrollaron los acontecimientos durante el Amanecer Sombrío. Estaba trabajando en la capital durante las semanas anteriores al ataque y recuerdo que dos o tres legiones fueron enviadas a provincias remotas sin razón aparente. Me pareció muy peculiar el momento en el que abandonaron la capital pero, de nuevo, sólo soy un simple cocinero. ¿Quién soy yo para cuestionar el funcionamiento del ejército?
No menosprecies la efectividad de las armas perforantes. Puede que no tengan el poder de provocar daño en bruto de una maza pesada o un hacha brutal, pero su habilidad para penetrar la armadura puede resultar muy efectiva contra enemigos fuertemente blindados. Al menos, eso es lo que he oído y, ya sabes, mi profesión me ha familiarizado con cuchillas. El ser un cocinero, me refiero.
He servido a más de un puñado de hombres y mujeres cuya ambición y el ansia de poder superaron su buen sentido. Hay límites a los logros humanos y cuando intentamos ir más allá de nuestra capacidad, conduce inevitablemente a la calamidad. Lo siento, esto es un poco excesivo para una conversación a la hora de comer.  ¿Qué sabré yo, si no soy más que un cocinero?
¿Ya te has tropezado con los Jurasangre? ¿El culto fanático dedicado al supuesto dios ancestral Ch'thon? El culto ha existido desde siempre; algunos dicen que desde antes de la historia registrada. Siempre pensé que el mito de un dios ancestral traicionado y horriblemente descuartizado era demasiado fantástico para ser otra cosa que una historia teatral, pero desde el Amanecer Sombrío, parece que el culto ha redescubierto el poder y hombres desesperados acuden a engrosas sus filas. Cuando vagaba por las Afueras de Burrwitch, me encontré con algunos cultores que me presionaron para unirme a sus filas. Al principio no aceptaron un no por respuesta, pero los invité a un poco de guiso sustancioso y no volvieron a molestarme. Nunca subestimes el poder de la buena cocina.
Cuando era joven, tuve la desgracia de presenciar un banquete que dieron a cinco Exploradores de las mayores bandas de Trotamundos de su tiempo. Se suponía que iba a ser una ofrenda de paz, pero ninguno de ellos quedó con vida. El gobierno pensó que los Trotamundos se disolverían una vez sus líderes estuvieran muertos, pero simplemente eligieron unos nuevos y siguieron adelante. Lamento la forma en que fueron perseguidos en el pasado, pero parece que pasar generaciones vagando por las tierras salvajes y los caminos mientras evadían a los agentes del imperio los prepararon bien para el Amanecer Sombrío. Ellos parecen estar capeando el temporal mejor que la mayoría y han aceptado a muchos refugiados del imperio que una vez los cazaba.
Hasta luego, anciano.

¡Oigamos otra!
Tomaré un poco más de sopa.
Aquí tienes, sabrosa y caliente. Cómetela ya. No querrás ofenderme, ¿verdad?

Hasta luego, anciano.
Ja, ja. Aprecio un apetito saludable, pero el capitán Whiskey insiste en que racionemos lo que tenemos.

Muy bien.
